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La Revista Agraria Nº 53 - Lima-Perú, abril 2004

Coyuntura:

 

Sequía: Cosecha de emergencias

No se han cuantificado las pérdidas económicas ocasionadas hasta el momento por la sequía en varias regiones del país; pero de la gravedad de la situación habla la sucesión de declaratorias de emergencia en departamentos costeños y serranos. De las cifras preliminares se puede derivar que son cerca de 200 mil ha las perdidas, afectadas o dejadas de sembrar, sin contar las pérdidas de capital pecuario por la no renovación de pasturas en las zonas andinas. El asunto es cómo atender estas emergencias y la crisis económica en que se encuentran miles de familias campesinas afectadas.

La emergencia empezó en Puno, por un fenómeno opuesto: lluvias torrenciales, acompañadas de nevadas, que provocaron inundaciones sobre cultivares y pasturas. Siguió Cajamarca; luego Lambayeque; después las provincias de Ayabaca, Morropón y Huancabamba, en las alturas de Piura; varias otras de Huánuco y Pasco y, más recientemente, de Ayacucho y Apurímac. Lo más probable es que a esta relación se deban incorporar otras provincias andinas, tomando en cuenta que en muchas de ellas los sembríos se instalaron con atraso, y ya entramos al estiaje y a la época de heladas. 
Sólo en Lambayeque, dejarían de instalarse 95 mil ha de arroz, menestras, maíz y cultivos de pan llevar, porque debido a la escasa agua que almacena el reservorio de Tinajones, la campaña chica también está restringida. La Cámara de Comercio de Lambayeque calcula que en una campaña agrícola se movilizan unos US$60 millones, la mayor parte en los arrozales. Pero de las 54 mil ha anualmente dedicadas al cultivo de arroz, con las justas se instalaron 5 mil.

El ministro de Agricultura asegura que no habrá desabastecimiento de arroz, pues se buscará instalar en San Martín la superficie arrocera que dejará de producir Lambayeque, lo cual es probable que se cumpla. Pero el agro y la economía lambayecana pierden alrededor de 8 millones de jornales, además del capital que dejará de movilizarse en los servicios de transportes, molinos y comercialización de insumos. 

En el plan de contingencia elaborado por las autoridades del gobierno regional, la junta de usuarios y otras organizaciones del sector privado, se ha previsto ejecutar programas de empleo temporal para miles de trabajadores agrícolas desocupados.

Prevenir

Sabemos que las sequías responden a fenómenos naturales que no podemos controlar, pero sí prever, y lo que se pone en evidencia con esta cosecha de emergencias es cuán desprovistos nos encontramos de políticas y estrategias que sirvan para encarar situaciones de alto riesgo que se presentan cíclicamente.

Un ejemplo de esta situación lo da Lambayeque. El período hidrológico 2002-2003 se caracterizó por ser seco, y no obstante saberse que el fenómeno podía repetirse, el año pasado se volvió a sembrar arroz en exceso, para lo cual se tuvo que vaciar Tinajones. 

Es cierto que esta situación la explica la carencia de crédito y recursos para sustituir los arrozales por cultivos que demanden menos riego y ofrezcan mejores niveles de rentabilidad a los productores. Pero también tiene que ver con una cultura del derroche en el manejo del agua, expresada en el estado precario de los sistemas de distribución y drenaje y en la ausencia de reglamentación para zonificar los cultivos en función de las características del suelo y la disponibilidad de agua.

Hoy, en Lambayeque y otras zonas afectadas, se habla de aprovechar las aguas subterráneas. Pero además de que habilitar o rehabilitar pozos supone una alta inversión de capital que los agricultores no tienen, ¿quién sabe cuál es el estado de los acuíferos de cada zona? ¿Hace cuántos años que no se actualizan los estudios? 

Por otro lado, no hay planes de contingencia para, por ejemplo, evitar la pérdida de ganado en las zonas andinas mediante el fomento del ensilado de pastos; y ni hablar de la ausencia de programas de reforestación en las partes altas, que contribuirían a fijar la humedad y conservar numerosos puquiales y manantiales.

Es de esperar que se saquen las lecciones de la emergencia actual. Más aún si, como se anuncia, hemos iniciado un ciclo seco que puede prolongarse por uno o dos años más.

 

Pronóstico confirmado
Confirmando los pronósticos que se venían haciendo desde principios de año, tras largas semanas de ausencia, desde mediados de marzo y durante abril retornaron las lluvias en las partes altas de las cuencas del norte y centro de la vertiente del Pacífico. Como era de prever, por encontrarnos al final del período lluvioso, las precipitaciones fueron en general ligeras e intermitentes y, por tanto, insuficientes para aumentar significativamente el agua almacenada en los reservorios (lagunas y presas), así como el caudal de los ríos que forman los valles costeños.

En los reservorios costeños del norte, Senamhi informa que a finales de abril los embalses presentaban déficits de 61% en San Lorenzo, 72% en Poechos, 82% en Tinajones y 62% en Gallito Ciego. 

En la zona sur, en cambio, los reservorios Condoroma, Aguada Blanca, el Fraile y el Pañe presentan importantes volúmenes almacenados que van en el orden de los 91%, 61%, 56% y 72% de su capacidad, respectivamente. 
A excepción de las cuencas del Titicaca, el Vilcanota y las de la mayor parte de la Amazonía -donde el caudal de los ríos está dentro de los promedios históricos-, en el resto del país la situación es, en general, de deficiencia hídrica, y se llega al extremo de severa sequía en varias zonas de la sierra y costa norte, así como en las provincias iqueñas de Palpa y Nasca. En estas últimas, Senamhi informa que los ríos prácticamente no tuvieron descarga debido a la ausencia de lluvias en las partes altas de sus cuencas.

La mayor presencia de lluvias a lo largo de toda la sierra, contribuyó a mejorar "un poco" la humedad de los suelos, dice el reporte de Senamhi. Pero ello no garantiza que los cultivares instalados puedan desarrollarse adecuadamente, y menos aún que haya condiciones para nuevas siembras, particularmente en las zonas de agricultura bajo secano, tomando en cuenta que termina la temporada de lluvias y se acerca el período de heladas. 
Se indica que en las zonas andinas aumenta la probabilidad de que en los próximos días ocurran heladas meteorológicas y precipitaciones sólidas (granizo, nieve) por encima de los 3,500 m. 

 

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